El manifiesto del suicidio
Del suicidio como hecho y la verdad como consecuencia. El suicidio es un hecho pues el considerarlo como consecuencia es una premisa débil, incoherente y dañina, la verdad es la auténtica consecuencia de este hecho.
El suicidio en la actualidad se ha convertido en un tema controversial y delicado, no porque se trate del malestar de una sola persona, sino porque pone de manifiesto una realidad dolorosa: que una vida puede llegar a ser desestimada. El mundo no se detiene cuando alguien decide quitarse la vida; sin embargo, se trata de un fenómeno profundamente triste que atraviesa múltiples ámbitos. Si estos no comienzan a confrontar sus problemas de fondo —empezando por quienes los integran—, la situación seguirá agravándose.
Para precisarlo mejor, la idea a la que me refiero puede entenderse como una realidad que, dentro del entorno social, se presenta con un carácter casi incuestionable. Reconozco que afirmar que una consecuencia puede asumirse como un hecho resulta paradójico; no obstante, toda consecuencia concreta también confirma que algo ha ocurrido. En ese sentido, el suicidio no debe verse solo como un acto individual, sino también como la manifestación de una serie de condiciones previas. Bajo esta lógica, socialmente solemos explicar las consecuencias a partir de sus causas, pero en el caso del suicidio con frecuencia ocurre lo contrario: se interpreta a la persona como la causa principal y no como alguien que intenta expresar o responder a su propia realidad. Así, se le despoja de agencia al minimizar sus capacidades intelectuales y su experiencia, etiquetando le como víctima. Sin embargo, la señal no proviene únicamente del individuo, sino también del entorno, lo que evidencia que los estragos implicados no son exclusivamente personales.
Hago hincapié en que esta definición parte de mi intuición y juicio propio, tomando como base lo perceptible por los sentidos humanos: lo evidente, lo visible, aquello que erradica la esperanza y la reduce a desesperación.
Hace un par de meses, en una reunión, surgió un tema recurrente en cualquier generación y que, hasta hoy, permanece sin resolverse del todo: el amor. Se habló de él como si fuera un concepto profundo, casi inaccesible, rodeado de misterio y de interpretaciones que muchas veces parecen más complejas de lo necesario.
Se suele pensar que el amor pertenece a una dimensión elevada del pensamiento, algo que solo puede comprender quien se adentra en reflexiones abstractas o metafísicas. Sin embargo, esa forma de abordarlo no siempre aclara su naturaleza.
Ese día, la enseñanza vino de donde menos se esperaba. Una persona mayor, marcada por experiencias que solo él comprende, escuchó lo siguiente de mi parte:
"A la esposa la has de amar y respetar como a la madre."
Su respuesta, cargada de ironía, fue inmediata:
¿Sí? Entonces... ¿te coges a tu madre?
Más allá de lo grotesco de la respuesta, el punto que deja al descubierto es relevante: cuando una idea se formula sin precisión, puede volverse absurda al llevarla a su extremo lógico o moral como lo puede llegar a ser el pensamiento del libertinaje. No es necesario compartir la postura de quien responde para reconocer dicha estupidez.
El amor, entonces, no puede sostenerse únicamente en frases heredadas o en analogías mal construidas. Se le suele idealizar o reducir a fórmulas sociales que no resisten un análisis mínimo. Por eso, no basta con repetir lo que “debería ser”.
En ese sentido, podría pensarse que el amor no es algo que simplemente se define, sino algo que se experimenta y se reconoce desde la realidad vivida. No como una abstracción pura, sino como algo que se manifiesta en lo concreto, aunque muchas veces se intente elevar a un plano inaccesible pues se niega que con sus aplicativos viene una severa sinceridad.
De la tecnología
La tecnología, por otro lado, ha adquirido un papel curioso dentro de esta dinámica. Se le ha otorgado una especie de validación automática, como si su presencia bastara para legitimar determinadas formas de interacción y pensamiento. En ese proceso, la interpretación de conceptos como el amor comienza a desplazarse: deja de construirse desde la experiencia y pasa a moldearse según esquemas externos que aparentan coherencia, pero que con frecuencia resultan erróneos. Sin embargo, cada vez es mas desvanecido el concepto de la tecnología como herramienta, y no falta mucho para que inconscientemente y por completo se convierta en un estándar aprobatorio de nuestra conducta.
Si la tecnología no establece los principios de convivencia ni los valores que rigen la vida, entonces depender de ella para definir nuestras relaciones resulta, en cierto modo, una forma limitada de racionalidad, no sabemos cómo podemos cambiar sin un tipo de juez el cual dentro de nuestra conciencia es difícil de asimilar debido al poco control y sinceridad a la que somos expuestos nosotros mismos.
"Hemos hecho algo malo y el otro lo sabe, y entonces tiene poder sobre nosotros."
Esta idea introduce otro elemento: la relación entre conciencia, culpa y poder. Si nuestras acciones quedan sujetas al juicio de otros, y ese juicio define nuestra conducta, entonces surge una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto actuamos por convicción propia y hasta qué punto por presión social?
Mi respuesta personal: hasta que la ineptitud de nuestro pensamiento ideológico no nos deja respirar.
La gran disponibilidad de internet ofrece una enorme ventaja para encontrar aquello que se percibe como afín a una persona; sin embargo, por encima de los grupos de convivencia tradicionales, este proceso resulta más rápido, muchas veces sin considerar las consecuencias que conlleva. Al fin y al cabo, somos la prueba viva de experiencias diversas. Se suele afirmar que desear algo con suficiente intensidad permite alcanzarlo; no obstante, esta idea, influenciada por creencias vanas y por la inmadurez de generaciones actuales y emergentes, deriva en planteamientos incompletos. Estos terminan generando la atribución de problemas que no corresponden a la realidad individual, pero que se asumen como propios debido a la exposición constante a un mar de contenido centralizado, como ocurre en las redes sociales.
En este contexto, algunas personas llegan a autodiagnosticarse trastornos mentales sin haber consultado previamente a un especialista, o bien confunden la aplicación de ciertos conceptos: una misma terminología no alcanza a desarrollarse plenamente cuando ya es reemplazada por otra. Las ideas anteriores se abandonan por efecto de las tendencias, lo que contribuye al desentendimiento general. Pero dicha afirmación, llevada sin criterio, se convierte en una distorsión. Un ejemplo claro es el concepto de la “ley de la atracción”, recientemente difundido en múltiples medios de comunicación y entretenimiento, que termina reducido a una expresión del ego. Una necesidad naciente de aprobación social no constituye una base real para el desarrollo personal; por lo tanto, esta idea pierde validez como principio auténtico de progreso.
Del ocultismo
En conjunto con lo anteriormente dicho sobre la tecnología, es necesario abordar otra tendencia común: la creencia de que la verdad se encuentra en lo oculto, en lo invisible o en aquello que no puede verificarse directamente, pues no se trata más que de que nuestro criterio propio permita que esto se conserve así.
Esta postura, aunque atractiva, suele ser débil desde el punto de vista argumental. Permite construir explicaciones que no pueden refutarse, pero tampoco sostenerse con claridad. Así surgen muchas ideas asociadas al ocultismo, que no necesariamente acercan a la verdad, sino que reflejan más bien la distancia entre quien las propone y aquello que intenta comprender.
Cuando una persona construye su visión del mundo a partir de convicciones autoimpuestas, sin contraste con la realidad, corre el riesgo de alejarse progresivamente de lo verdadero. En ese proceso, lo que percibe como conocimiento puede convertirse en una forma de autoengaño.
Es cierto que alcanzar un nivel más profundo de conciencia —referente a experiencias y su juicio racional sobre ellas— puede generar inquietud. Distinguir entre lo verdadero y lo aparente no es inmediato ni sencillo. Sin embargo, quien logra hacerlo entiende que ese proceso no ocurre de forma aislada ni espontánea, sino a través de confrontación, pericia y criterio.
Y es así como aparecen los falsos guías que aprovechan este tipo de temas: prometen, ilusionan y destruyen. Cuanto más creen poseer la razón, el perdón y el poder, mayor es la penetración de su corrupción sobre la psique de otros —véase Juliette o Justine, del Marqués de Sade—. Entre ejemplos actuales, en grupos alcohólicos se utilizan medios espirituales para alcanzar un control sobre una voluntad que, por excusa, ellos no creen poseer. Dice Ouspensky:
"Debemos comprender que el hombre nada puede hacer. Pero el hombre no lo advierte y se atribuye la capacidad de hacer [...] Todo lo que cree hacer, en realidad sucede."
Cabe aclarar que, aunque P. D. Ouspensky tenía una corriente de pensamiento esotérica, su filosofía de cambio en el hombre resulta interesante. En ese contexto, conviene entender que se hace lo que se desea no solo por gusto, sino por un afecto que nace desde el interior; he ahí el espiral del avance. Sin embargo, este impulso guiado a romper paradigmas sociales puede verse frenado por entidades atávicas que, por ocio, ignorancia o precocidad, deforman la confianza de la esencia del emisor. Así, dar un paso hacia el desarrollo y el conocimiento —en busca de plenitud, vicio o saciedad del deseo— puede convertirse en una ilusión para quien cree progresar, pues ya se ha advertido:
"En la realización de mi deseo está mi desventura."
Para reducir la ambigüedad de lo antes dicho, lo que se desea sin virtud de la esencia y sin sinceridad hacia uno mismo se convierte en tragedia.
De las verdades que resultan insoportables
Con precaución deben tomarse las siguientes interpretaciones.
El desestimar la vida propia, puede parecer algo ilógico, pero al negar la verdad esto se convierte en algo práctico. La ignorancia es una virtud para quien se ve desfavorecido cuando la negación de sus actos es desvelada; en estos casos, es la "cura" que necesitan para vivir una ilusión plena, sin pizca de culpa consistente. Aquella culpa insiste en tomar relevancia en quienes no son capaces de discernir lo armonioso de lo lujurioso, caídos en la tentación de mantener una comodidad. Quienes tienen la necesidad de ocultar algo por miedo a las consecuencias presentan problemas en la forma en la que conviven con su entorno. No se trata de algo que deba ser científicamente demostrable, pues se trata de sentido común.
Estados psicóticos son aquellos que invadirán a quienes no posean la preparación adecuada para recibir la verdad. Una confrontación prematura tiende a dar resultados negativos, pero premeditarla puede llegar a ser dañino para quien ose descubrirla, ya sea como agente externo o interno —dentro de uno mismo—. Para ello, es útil considerar el siguiente fragmento:
"Los modelos psicológicos de la psicosis proporcionan una especificación detallada de los procesos cognitivos asociados con las respuestas emocionales al estrés y consideran algunos sesgos cognitivos, como la hipervigilancia, implicados en la reactividad al estrés. De este modo, atribuyen un papel destacado a las dificultades afectivas inducidas por el estrés (p.ej., los síntomas de ansiedad), que impulsarían a las personas a una mayor “anticipación de la amenaza” y, a su vez, esa mayor anticipación de amenaza estaría vinculada a la formación de las experiencias psicóticas. Dado que las personas intentan dar significado a tales experiencias, los sesgos en procesos cognitivos resultan en la valoración de estas experiencias anómalas como incontrolables, atemorizantes, atribuibles a causas “externas” y, finalmente, conducen a creencias extrañas. Los modelos cognitivos basados en enfoques neurobiológicos sostienen que estas experiencias están estrechamente vinculadas a un sistema dopaminérgico sensibilizado, secundario a variantes genéticas, a daños neurológicos tempranos y a la exposición a acontecimientos sociales adversos."
De los narcóticos
El fragmento anterior menciona algo interesante acerca de daños neurológicos tempranos o de la exposición a acontecimientos sociales adversos. Esto puede verse muy cercano, pero no del todo relacionado con el consumo de drogas. Abordaré brevemente lo siguiente con una experiencia propia. Alguna vez, una persona bajo los efectos de una sustancia comentó con tal seguridad que, de no haber sido testigo de su consumo, lo habría tomado más a la ligera; sin embargo, resultó preocupante su estado de desconexión con la congruencia:
"La droga no tiene nada que ver con tu forma de ser, la droga muestra cómo eres en realidad."
Esta afirmación, aunque atractiva, es incompleta. No considera que la alteración fisiológica modifica la percepción, la conducta y la toma de decisiones, es decir que vuelve un idiota a quien las consume. Más que revelar una esencia, puede distorsionarla. Pensar lo contrario implica asumir que el estado alterado es más auténtico que el estado consciente, lo cual resulta, al menos, cuestionable, para mí gusto una vil mamada, pues no se toma con la debida seriedad cómo se inhiben los sentidos o los sentimientos al momento de declarar una opinión.
Los depresores del sistema nervioso suelen ser los más problemáticos; entre ellos, el alcohol y la marihuana, más que el segundo, el primero forma parte de la vida diaria de las comunidades, grupos sociales o individuos, coloca más al alcance el disparador que tenemos dentro, todos tenemos preocupaciones y el alcohol exagera nuestras ganas de mandar todo a la mierda. No son peligrosos por la naturaleza elemental de sus toxinas, sino que, combinados con el sesgo de pensamiento de alguien que, por exposición a acontecimientos sociales adversos, aumenta la negación y la falta de juicio coherente, sirven para justificar un hecho que resulta en la consecuencia de su presente: la verdad, la cual se convierte en una reprimenda psicológica al no querer revelarla. Al combinarlo con un estado emocional, es evidente que hay consecuencias, pues una decisión, aunque sea considerada correcta, bajo ninguna circunstancia debería ser tomada bajo la influencia de algún narcótico o de una emoción desenfrenada.
Del hombre
El hombre (abarcando ambos sexos biológicos) es figura de una parte incompleta, pues la reproducción para crear una nueva vida no consiste en partenogénesis; se necesitan dos y bastante sexo o mala suerte para consumar su existencia. Por lo tanto, encapsula una idea que, a mi parecer, se presenta equivocada: el ser andrógino. No solo se limita a la apariencia, sino también a la conducta, una mujer y un hombre tienen su perfilado, ya sea porque uno sea menos dotado físicamente que el otro o por cosas hormonales incluyendo creencias que en estas nuevas generaciones hemos ido apagando —por lo menos algo a favor de la trcnologia—. Anteriormente se mencionó la influencia de las drogas en la aceptación interna; si lo integramos con los temas anteriores, este se vuelve un bastión a la hora de abordar el tema del suicidio. Es un todo y, dentro de sus múltiples características, resulta imposible ignorar las más importantes solo por querer abarcar un tema aislado, sin comprensión de lo que hay detrás.
El despertar no es nada más que la superación del miedo a fracasar en el dominio de seis aspectos fundamentales de nuestra experiencia perceptible:
- control de la voluntad
- control del sentir
- control del pensar
- positivismo
- apertura del espíritu
- ecuanimidad del alma
De estos, lo único que podría resultar contradictorio para el pensamiento analítico es la apertura del espíritu, ya que esta es variable dependiendo de la fe, e innegable cuando se entra en un estado de desesperación sublime. Sin embargo, resulta evidente que no existe una explicación certera de la vida, pues siempre surgirán dudas sobre el comportamiento de algo. En este caso, solo quiero tomar en cuenta que mi mención hacia la apertura del espíritu no va intencionada a sujetarla a una sola creencia o fe de vida; mientras permanezca a favor del conocimiento y lejos de la cautividad de pensamiento, considero que el creer en algo resulta un progreso legítimo y respetable.
Aclarado lo anterior, algo que llamó mi atención en relación con esto es lo siguiente: "Misericordia et misera". Lo anterior describe una carta apostólica que, además de contener información reveladora fuera de la encapsulación del fanatismo religioso por parte de la máxima figura de autoridad en la religión católica, describe un estado de iluminación intelectual y justifica por qué la asunción de la verdad viene acompañada del dolor. Dicha carta es resumible en lo siguiente:
"No atender a las causas origina la maldad".
Se asume que es difícil hacerlo, no porque específicamente se mencione, sino por la propia naturaleza del lector y del autor. El hombre no debería ser considerado malo por naturaleza, pues posee la capacidad del pensamiento en más de una dimensión intelectual.
De la maldad
Entender la maldad es desapegar la naturaleza del humano de lo que normalmente se piensa como "que este sea malo". La maldad corresponde a lo que no somos; la maldad es involución, lo contrario de la naturaleza intelectual del humano. Significa desconocimiento y confusión, acompañados del deseo; como anteriormente se mencionó, para negar una confusión, se es ignorante.
En principio, se abordó el amor, diferente del deseo. Este, comprensivamente, es absoluto e impersonal; a pesar de ello, esto no impide su manifestación en conjunto con otras emociones, las cuales impulsan, en su mayoría, la fuerza de acción. Pero, al describirse el porqué del cometido, la palabra amor es más atractiva en convicción —cuando se es prudente agregarla a una distorsión—. La ausencia de amor significa confusión; logra ser más fácil digerir esto cuando se llega a la conclusión de que no existen diferentes tipos de amor, sino distintas maneras de aplicarlo.
El autómata de nihil
Este concepto fue desarrollado a partir de la descripción de la maldad. Si la maldad no es afectación desenfrenada o un intento de afectar, entonces ¿cómo justifico la cantidad de atrocidades cometidas por el humano? La realidad es que no hay justificación sobre el acto de atentar en contra de la integridad de una persona —a criterio del lector es posible que se den a lugar excepciones muy puntuales—.
El concepto nace a partir de dos palabras: autómata, como instrumento que imprime determinados movimientos imitando a un ser animado; y nihil, de la corriente filosófica del nihilismo, entendido como la negación de un fundamento objetivo en el conocimiento y la moral. Este concepto construye un arquetipo del objeto social: el individuo, aquel que obedece sin un sentir pleno, quien otorga peso a la razón por encima de las virtudes de su interior, asimilando lo siguiente:
Cui Bonno Fuisset — ¿A quién le habría beneficiado?
Así es como se abre paso a la constitución de un ser carente de voluntad, entregado a las pasiones de pensamientos ajenos y poco concretos, que resultan en disminuir las capacidades de la persona para poseer un juicio objetivo, nublado por el aparente sacrificio y generosidad que dicen tener estos agentes externos, los cuales son concebidos como una autoridad.
Resulta complejo identificar al autómata antes de que este haya cometido algún acto, pues la autoridad antes mencionada nunca revela en verbo sus intenciones, sino en comportamiento, acción y emoción. Es por ello que, anteriormente, en el apartado de ocultismo se hace mención de la famosa "ley de atracción"; no es un misterio, es simplemente la no verbalización de una intención lo que vuelve más probable su ejecución.
Es importante desligarse del egoísmo social para evitar convertirse en un autómata de nihil; habrá que poner atención sobre tres ejes fundamentales:
- Religión
- Política
- Comunicación (Sociedad)
Lamentablemente, con las primeras dos se ha vivido un retroceso abismal a causa de la tercera. Es algo irrefutable que una comunicación asertiva juega un papel indispensable en la constante de progreso; aun así, ya 75 años han transcurrido en los que el desarrollo tecnológico ha influido en el refuerzo de viejas analogías dentro de la política y la religión, lo cual aumenta la tentativa de manipulación mediática y, con ella, la social.
"Fuentes de conocimiento" o de "aparente verdad" causan y escalan conflictos de manera más rápida con la llegada de las redes sociales. Confusiones o negaciones, desde uno a uno entre allegados hasta grupos de desconocidos, distancian la verdad absoluta, y no es hasta que se ve directamente afectado por hambre, pobreza, miseria, dolor o ansiedad que el autómata se da cuenta de la afectación que llegó a absorber.
Una voluntad desgastada erradica parcialmente el cambio al que debería estar sujeta una persona a favor de la evolución en su pensar, un nuevo paso dentro este contexto puede interpretarse como un ataque excesivamente incomodo a quien no esté dispuesto ante su voluntad el accionarlo; como antes se mencionó en "de las verdades que resultan insoportables". Cada sujeto es responsable de su progreso, el cual se ve retrasado por la falta de atención a su verdadero sentir.
Política
Volviendo a los ejes. La política en la actualidad resulta ser un tema inquietante por la cantidad de información sesgada y de personalidades dudosamente colocadas a favor de un bien social; llega a ser una falacia cobarde y hasta graciosa asumir que la política en México u otras partes del mundo es un sistema deseable. Su afabilidad se explica no en su concepto, sino como sinónimo de corrupción; es lamentable y deja mucho que desear. Lejos de alcanzar una perfección, se busca tranquilidad, algo que aún se percibe lejano en estos tiempos. Aún existen debates que no deberían formarse, pero son posibles debido al perfil anteriormente explicado del autómata de nihil.
Existe una negación de preceptos que encontramos visibles, no estamos de acuerdo y no estamos dispuestos a afrontar que nos toca vivir día con día. El activismo se considera un insulto hacia las dádivas de personajes maquiavélicos, pero este fin viene acompañado de una cadena de incordia; como en tiempos donde, testigos de los caprichos de gobernantes en países latinoamericanos, han sido privados de su voz y voto, todo para cambiar políticas y leyes que fueron colocadas ahí por costumbres sociales. El efecto: una sociedad reprimida y cobarde, que pasa de víctima a victimaria de sus generaciones venideras.
Religión
Siguiendo la línea que se plantea al final del apartado político, el tránsito hacia la religión resulta casi natural. Históricamente anterior a la política, la religión emerge precisamente en aquellos espacios donde la explicación racional no alcanza o no satisface, algo que caracteríza la conducta humana. Cuando no existen respuestas con bases contundentes, aparece la noción de lo divino: una entidad absoluta, concebida como autoridad natural, inapelable y, sobre todo, justa.
En su concepción más abstracta, podría pensarse como un constructo ideológico “puro”, ajeno a las limitaciones humanas. Sin embargo, el problema surge en el momento en que dicha abstracción es interpretada, administrada y representada por el propio ser humano. Es ahí donde interviene lo que antes se describió como el “autómata de nihil”: una figura que, al apropiarse de esa supuesta pureza, la convierte en un instrumento potencialmente peligroso.
La autoridad religiosa, al asumirse como intermediaria entre lo humano y lo absoluto, adquiere una capacidad de influencia particularmente profunda. Esta influencia recae, en muchos casos, sobre individuos que buscan respuestas, consuelo o control frente a aquello que no comprenden o no pueden dominar. Y no hay estado más susceptible que el de una persona desesperada o confundida.
En este punto, ocurre una reducción hacia lo más elemental del individuo: sus miedos, su culpa y su necesidad de redención. La abstracción de la divinidad, combinada con los deseos y conflictos internos, puede derivar en una interpretación distorsionada del arrepentimiento. Este se convierte en un filtro a través del cual se percibe la realidad, debilitando la capacidad de juicio y generando paradojas constantes en la evaluación de las acciones propias y ajenas.
De ahí se desprende una idea central:
"Si yo hice algo mal, entonces ¿qué me da el derecho de enjuiciar al de enfrente cuando hace algo malo?"
Esta premisa, aunque en apariencia ética, puede transformarse en un mecanismo que inhibe el juicio crítico y favorece la pasividad moral. Bajo su influencia, el “autómata de nihil” encuentra terreno fértil: no para construir principios, sino para diluirlos.
No obstante, el hecho de que aún existan individuos que conservan un marco de valores propio sugiere algo relevante: dichos principios no necesariamente se originan en la adhesión ciega a dogmas o autoridades abstractas, sino en una construcción interna que, en muchos casos, surge en tensión —y no en dependencia— con estos sistemas. Hasta cierto punto, estos marcos sí se ven influenciados y, en ocasiones, orientados hacia la adopción de corrientes de sofismas que pueden desarrollarse a partir de la angustia. Independientemente de la política o la religión, emerge finalmente la sociedad, no como consecuencia, sino como el punto de origen que articula y condiciona ambos ámbitos.
Comunicación (sociedad contemporanea)
La comunicación se ha vuelto un medio casi omnipresente en la actualidad, pero no necesariamente avanza en una dirección favorable; por el contrario, parece orientarse hacia la anulación de cualquier posibilidad de progreso real. Cuando un sistema se corrompe, lo anteriormente mencionado deriva en que quien resulta afectado asuma el papel de víctima. Sin embargo, esta asignación no es absolutista, ya que, en la mayoría de los casos, implica también la participación —consciente o no— en un efecto social de decadencia: una degradación pasiva y progresiva de valores, moral, respeto, derechos e integridad.
Afirmar lo anterior no es sencillo; se trata de una cuestión compleja que depende, en gran medida, de una validación colectiva que permita diagnosticar y enfrentar a una sociedad mentalmente deteriorada. Ante esto, surge de manera casi instintiva un mecanismo de defensa emocional que da lugar a una especie de “fantasma”: una entidad simbólica que niega la naturaleza del cambio. Como resultado, la víctima queda atrapada en escenarios ficticios de confusión, distorsión y, en ocasiones, sadismo, todos ellos coexistiendo con una ilusión de desarrollo que no se materializa.
Desde un criterio personal, la psicología contemporánea tiende a configurarse como una formación limitada y mediocre enfocada principalmente en el tratamiento de la sintomatología del paciente. Sin embargo, al tratarse de una disciplina ejercida por una figura con un funcionamiento estructuralmente similar a la de quien observa —es decir, otro individuo condicionado—, su alcance se ve restringido a ofrecer repertorios de comportamiento para gestionar aquello que, en muchos casos, podría resolverse mediante la sinceridad y la aceptación de los propios preceptos. Esto remite más a una interpretación analógica profunda que a una simple empatía superficial. Si no se termina de comprender lo que acabo de decir: vaya con su psicólogo y pregúntele que pasaría si le dice que es un bastardo enfermo; si lo expreso bien, le recomendará algo diferente de seguir asistiendo con el. En palabras menos agresivas, se trata de una persona con quién está tratando, como tal al expresar las cosas dígalo como si fuera una persona, mande a la mierda a Freud y mirense de frente.
"No soy aceptado", "No soy valioso", "¿Cuándo dejaré de sentir esto?", "El mundo está roto", "¿Por qué hago esto?", "¿Cuánto sufrirán los que me rodean si desaparezco?"
Todo lo anterior representa apenas una fracción de lo que puede habitar en un enfermo pensamiento sostenido: una inercia mental que arrastra al individuo hacia la negación de su propia participación en el entorno, y que, en etapas más avanzadas, puede derivar en ideaciones suicidas.
En este estado, no se perciben afirmaciones positivas, ni conocimiento, ni amor, ni revelación alguna. Esta ausencia se vuelve contra el propio individuo, justificándose a través de represiones internas que terminan por manifestarse en conductas autodestructivas. El juicio comienza hacia el otro, hacia quien se encuentra al lado; sin embargo, progresivamente, el autómata termina por considerar absurdo cualquier ideal e intenta reprimirlo, manifestándose en tres posibles formas:
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Reactivo: Al interactuar con su entorno, el autómata intenta menospreciar lo que lo rodea. Solo cuando percibe una oportunidad o comprende parcialmente una situación, actúa en contra de aquello que lo reprime, pero lo hace de manera incongruente y desarticulada.
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Activo: Es la forma más directa; se traduce en una manifestación de sadismo como mecanismo para canalizar la frustración contenida.
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Pasivo: Asociado con la depresión, pero más allá de una simple tristeza. Se trata de un estado de colapso en el que no existe reacción alguna, configurando el escenario más propicio para la consumación del suicidio.
Consideremos ahora el caso de la madre, un elemento fundamental de entendimiento y disposición amorosa ya abordado en el apartado del hombre. Se trata de una figura indispensable tanto en la creación como en el desarrollo de la vida. Fuera de esta referencia, puede darse una concepción suplicante, pero no vacía, o, en el extremo opuesto, una profunda corrupción del amor y del conocimiento acompañada de una concepción vacía. Todo depende del caso particular y de la voluntad del individuo para enfrentar una realidad que solo puede ser comprendida plenamente por quien la experimenta, especialmente cuando se alcanza un estado de corrupción que deriva en involución.
El amor se presenta entonces como una posible respuesta. No obstante, lo verdaderamente absurdo no radica en reconocerlo como tal —lo cual podría parecer evidente—, sino en su deformación: la asimilación del sacrificio como justificación del sufrimiento. Bajo esta lógica, estructuras como ciertas religiones perderían su capacidad de control si no existiera esa distorsión.
¿Qué es, entonces, lo absurdo? Es la acción desprovista de convicción. No todos están dispuestos a llevar a cabo la unificación de un bien común ni a perdonar un estado de conciencia deteriorado para acceder a una verdad más profunda —a su consecuencia real—. La condición de víctima solo es válida cuando existe una constante de afectación y vulneración en el presente, provocada por un agente externo, y con el riesgo latente de culminar en el suicidio. Si un individuo logra atravesar este proceso, puede convertirse en guía, aunque no como una regla universal; la recurrencia al pensamiento suicida sigue siendo una posibilidad constante.
Que surjan contradicciones en torno a lo expuesto no es un error, sino un indicio. Es precisamente a través de ellas que se abre la posibilidad de alcanzar una nueva realidad.
"No hay nada más capitalizable en esta sociedad enferma que una emoción auténtica"
Al lector
El suicidio es un tema sumamente delicado que, con tan solo pensarlo, me genera tristeza, ya que implica ir a contracorriente de la vida. Una persona encuentra sentido en sus placeres, sueños, ideales y experiencias; sin embargo, desde una temprana edad somos expuestos a factores exteriores que pueden derivar en desesperanza y hartazgo.
Por ello, sugiero que este tema no se tome como referencia de ningún tipo. En caso de que llegue a interpretarse así, debe entenderse como un reconocimiento personal e interior, ya que el propio autor es un arquetipo de lo que menciona en su texto: frustración, desesperación y, en ocasiones, incluso acciones poco éticas.
Sin duda, existen múltiples variaciones en la experiencia de cada vida; por lo tanto, es necesario proponer algo: perder el miedo a aquello que se percibe como inalcanzable. Gran parte de lo que hoy se disfruta fue posible gracias a quienes se atrevieron a romper con creencias banales que limitaban a aquellos que se sometían a presiones sociales. La perfección es una patada en el culo para quien escucha las tonterías de alguien que dice querer alcanzarla, no creas idioteces porque quien dice ser más pulcro resulta ser el más enfermo, no expreso que no se confíe, así se quitaría la exquisitez de la vida, solo este humilde ser humano sugiere que si te sientes olvidado, solo, mal querido y tonto, solo eres tú siendo un autómata de nihil.
Bibliografía
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